¿QUÉ TANTO OBSERVA TIN TAN?

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“Ya observamos sin hablar, porque a veces el silencio como la ausencia, pueden ser un mérito”

Diego Capusotto.

Una ciudad tiene múltiples caras y cada uno de sus rostros esconde un sin fin de expresiones que en la mayor parte de nuestra vida cotidiana pasan desapercibidas. En el caso de Ciudad Juárez, la anarquía urbanística se hace presente en cada rincón en expansión de su desdibujado cuerpo. Nuestra orgullosa metrópoli, lastimada y olvidada nos muestra sus calles, heridas que son cubiertas pero jamás sanadas en plenitud. Sus ojos son los faroles de aquel alumbrado público que funciona esporádicamente, y en su corazón descansa el sufrimiento de las miles de personas que han marcado esta tierra con su sangre.

Ciudad Juárez, frontera norte de México, ha sido, es y seguirá siendo un espacio con características sumamente particulares por su posición geográfica, política y económica. El mercado en sus amplias dimensiones, legal o ilegal sea el caso, es la raíz de la que se sostiene esta tierra. La maquiladora, aquella bestia que en aquellos años 60s ingresó a la ciudad con la bandera de la prosperidad se ha ido escondiendo bajo sus propias garras y tan solo queda el recuerdo de lo que en otros tiempos Juárez realmente fue.

El centro histórico de la localidad tuvo papel protagónico en la historia de nuestra ciudad. Por sus edificios, bares, banquetas y callejones, las luces de neón y la música atraían a las y los operadores de maquila, a los “gringos” ansiosos de diversión frenética, y las calles se infestaban de personas como Hamelin de ratas. En la actualidad, el centro no es ni la cuarta parte de lo que en sus años mozos llegó a ser o pretendió ser. El idealizado infierno por los estadounidenses y paraíso terrenal de los operadores de maquila, terminó por transformarse en el epicentro de las desapariciones de mujeres, del narcomenudeo, de los abusos policíacos, de la prostitución.

Los esfuerzos del gobierno municipal por dotar a este territorio de una nueva imagen son superficiales y obviamente insuficientes. El centro histórico de Ciudad Juárez es un territorio donde las pesquisas de jóvenes desaparecidas adornan sus postes y bancas, los rostros de cientos de personas se estrellan en nuestra vista y aquellas noches de diversión y desenfreno han quedado guardadas en los ojos de un Tin Tan que fuma su puro dorado  frente a la catedral, la casa de un Dios que ha olvidado esta tierra.

Con este pequeño texto etnográfico se pretende dar un breve y general avistamiento a lo que hoy en día es el centro histórico de esta frontera, a los personajes que viven en su densa flora y fauna urbanística y los escenarios que pisan día a día miles de personas en esta ciudad. La etnografía obedecerá cronológicamente como fue el recorrido, comenzando con la llegada en camión, la estancia en la “Plaza de Armas”, para luego continuar el recorrido por calles aledañas y terminar en el mercado Cuauhtémoc. Consistirá pues, de cuatro secciones que se espera y al final le den al lector o lectora una idea de lo que por aquellos lares se puede encontrar.

1.- LOS PAISAJES CAMBIANTES. Un viaje exprés en el tiempo.

Resulta una tarea complicada observar por la ventana del camión y no dar cuenta del cómo es que el paisaje urbano comienza a cambiar conforme uno se acerca al centro de la ciudad. Las fachadas de las casas, negocios y edificios se añejan y pierden años ante nuestra vista confundida, los reflectores de una política del olvido nos presentan zonas de la localidad que nos cuestan trabajo asimilar. Pero, no sólo son los edificios y las calles las que se transforman y deterioran sino también las personas que transitan y deambulan por sus banquetas. Durante el día, miles de personas recorren el territorio en camino a sus trabajos, escuelas, atención médica, a sus hogares. La categoría de centro tal vez ha perdido validez en cuanto a lo geográfico ya que la mancha urbana ha crecido desproporcionada y desorganizadamente pero el centro histórico no ha dejado de ser un lugar de encuentro y desencuentro, un territorio donde parten decenas de camiones a lo largo y ancho de la metrópoli.

Al bajar uno de la “rutera” se topa con callejones poco amigables pero alumbrados en su totalidad por la tenaz luz del sol. Unas cuantas personas pasan indiferentes a tu caminar y el ruido de las perforaciones te anticipan al encuentro con un espacio en “remodelación”. Uno comienza a toparse con los vendedores de flores, cigarros y dulces, cada uno de ellos portando en sus manos el sustento diario de sobrevivencia. Conforme se avanza se materializan los sonidos de construcción y se observa trabajadores que vienen y van al unísono de las mezcladoras de cemento, las máquinas perforadoras y el leve tambaleo del suelo ante el caminar de cientos de pies extraños.

Ya cerca de lo que llamamos la “Plaza de Armas” las cumbias y la música norteña suena en las bocinas de los establecimientos que rodean el lugar, es ahí donde uno percibe la sensación de que ha ingresado al centro histórico de la ciudad. Mientras, una señora barre la entrada de un pequeño restaurante de comida corrida.

2.- EL LUGAR QUE DIOS OLVIDÓ: La Plaza de Armas, La catedral y un orador.

Aunque tan sólo pasó muy pocos años de su vida en Ciudad Juárez, Germán Valdez alias “Tin Tan” reposa sobre la fuente de la Plaza de Armas. Y uno se pregunta ¿Cuántas cosas no han penetrado los ojos de este pobre ídolo inmóvil? Fumando su puro, la estatua reúne a un grupo considerable de ancianos, que en su mayoría ocupan las bancas desgastadas del lugar. El bolero aún trae a nuestras memorias aquellos recuerdos de niñez de cuando acompañábamos a nuestros padres o abuelos a “bolear” sus zapatos.

Los postes de luz o faroles están tapizados con imágenes distantes de jovencitas que un día salieron de sus casas para perderse en el limbo de la inseguridad que rige en la ciudad. En las fotografías, sus rostros están felices y nos recuerdan que la impunidad no sólo arranco despiadadamente las sonrisas de sus caras sino que se llevó el alma de sus madres, de sus familiares y amigos. Y cuando uno se da cuenta que está pisando la tierra misma de dónde en su mayoría estas niñas se perdieron, la piel se endurece y un nudo de coraje se entrelaza a nuestros corazones.

Los ancianos y ancianas que flotan sobre el lugar son parte fundamental del paisaje, ¿qué sería de la Plaza de Armas sin los viejos y sus historias? Sus pieles arrugadas y gastadas hablan más de lo que sus bocas podrían decir. Vale con ver sus expresiones o falta de ellas para comprender un poco sus vidas olvidadas. Es así como uno cree pensar que están allí en un intento desesperado por decirle al mundo que siguen vivos y qué mejor que frente a los ojos de Dios, frente a la Catedral.

Amenizando la agradable mañana, un orador toma su micrófono y mira retadoramente a los ojos de los que, para él, son pecadores. Nadie se salva de las palabras que dispara sin descanso, una y otra vez recita las enseñanzas del Dios al que adora y pareciera ser que le urge porque los demás también lo adoren. Observa, apunta y dispara sus quejas ante una sociedad que ha perdido la lucha ante la indiferencia. Si bien uno puede estar de acuerdo o no con aquellas palabrerías que desfilan por los labios de aquel personaje, lo cierto es que su mensaje se ha vuelto parte del folklore del espacio. Varios rostros miran atentos a ese ángel inquieto que se frustra y maldice a los que eligen el camino del demonio.

Al final, el análisis es confuso pues, el valor simbólico del lugar es claramente religioso y muestra un territorio benevolente pero al ampliar la visión y recordar las pesquisas de las jovencitas, de la historia macabra y retorcida que ocurre en tal lugar, lo deja a uno con la pregunta obligada ¿estoy en tierra santa o en el núcleo del mismo infierno?

Realmente es complicado no hacerse tantas preguntas, y aún así, siempre serán menos las cuestiones que uno tenga a la cantidad infinita de historias que estos personajes y esta plaza llevarán hasta su último día de luz.

3.-LABERINTOS COTIDIANOS. Prostitución, “picaderos”  y fruta para llevar.

A tan solo unos pasos de la Plaza de Armas, los puestos, así como los productos que ahí se ofertan son abundantes y de un surtido amplio. Cinturones, balones de futbol, calzado, playeras deportivas, discografías completas de los artistas populares, cubiertas para celular, son algunos de los tantos objetos de los que uno por precios considerables puede hacerse acreedor.

Los vendedores son cazadores profesionales que saben identificar a los clientes frecuentes o cotidianos de los que ocasionalmente están ahí, a los que por azares del destino fueron a perderse en el amplio mundo de la clandestinidad. Conocen el momento preciso para ofrecerte algo, saben insistir e inducir tus decisiones, al final el juego lo controlan ellos.

No es necesario que se ponga excesiva atención para visualizar una puerta entreabierta y un trío de mujeres fumando fuera de ella. La prostitución impregna el ambiente con sus aromas y se evidencia a sí misma. A plenas doce del medio día, las mujeres reposan sus cuerpos sobre los muros y lanzan miradas a los extraños cuerpos que caminan frente a sus ojos. ¿Qué será de estas calles de noche? es una pregunta que pocos y pocas buscan responder con la experiencia, sin embargo, la gente del sector parece tan familiarizada con el fenómeno que lo invisibilizan ante nuestro andar.

El mercado y sus dos facetas conviven paralela y armoniosamente. Mientras uno puede comprar fruta fresca y a buen precio (mercado legal) sólo es cuestión de caminar unos cuantos metros en búsqueda de un “picadero” para conseguir otro tipo de mercancía (mercado ilegal). Confluyen la clandestinidad y lo público en espacios diminutos, el punto clave es qué estás buscando.

4.-EL IMPERIO DE LO MÍSTICO: Junto a una imagen de la muerte ladra un cachorro.

Al entrar al mercado Cuauhtémoc el olor a incienso se desliza sigilosamente entre los pasos de las personas. Una infinidad de artefactos y sustancias con fines místicos llaman la atención de los no iniciados. “Amarres, limpias y buena suerte” son algunos de los mensajes publicitarios que los locales muestran orgullosos. El imperio de lo místico y paranormal tiene como palacio este mercado.

La muerte tiene en sus manos al planeta, vestida con una túnica roja le sonríe sínicamente al transeúnte. La estatuilla mide al menos medio metro, en su mano izquierda porta la hoz y en su derecha al mundo. El culto a la Santa se ha extendido a lo largo del país y de nuestra ciudad. Con al menos cuatro santuarios en la localidad, la Niña Blanca se ha introducido sagazmente al mercado popular y ha hecho del ocultismo una práctica abierta al público.

En contraste a esto, una pequeña tienda de mascotas muestra la ternura de unos pequeños cachorros que ansiosos ladran a los ojos extraños que disfrutan de sus plegarias. Perros, aves, plantas y comida para animales, todo en un diminuto rincón. Y en medio del lugar hay una fuente, un intento de plaza que hace homenaje a la virgen de Guadalupe con una manta que tiene estampadas las palabras de una oración. Mientras uno descansa de los olores a hierbas e inciensos, las almas en pena por amores no correspondidos y las personas vestidas con “vibras negativas” corren desesperadas en búsqueda de la salvación de un huevo o un té del amor.

CONCLUSIONES. ¿Las hay?

Los espacios públicos almacenan en su esencia misma una serie de símbolos, significados y significantes colectivos que dotan a la sociedad de marcos de referencia para comprender lo que en esos lugares se debe hacer o se supone se debería hacer. Es así como el uso, la utilización o la apropiación de un lugar tiene sus bases de acción en estos símbolos y significados sociales. Sin embargo, cabe resaltar que si bien existen pautas aceptadas por la colectividad sobre un espacio público, los usos, la concepción y percepción que se tenga de tales será flexible y cambiante. Existen tonalidades y múltiples posicionamientos frente a un territorio determinado, todo dependerá de quién observa y participa y la forma en cómo lo haga:

Recordemos al orador de la Plaza de Armas, para él ese lugar tiene un significado particular y la apropiación que hace del espacio está determinada por el uso que desea darle, que en este caso es el de transmitir mensajes religiosos. Su percepción del lugar tiene claros tintes religiosos, dota al espacio de un valor simbólico específico. Sin embargo, si una de las madres de la jóvenes que desapareció en ese mismo lugar anda por ahí, su percepción del espacio será sumamente distinta, el valor simbólico que le dará al lugar será negativo y a diferencia del orador se sentirá en las entrañas mismas del infierno.

Es así como hacer una etnografía analítica y no sólo descriptiva resulta un trabajo complejo pues, consiste en observar detalladamente los fenómenos que suceden en el espacio común y tratar de comprender los procesos sociales e individuales que de igual forma ahí se presentan.

En este caso, el recorrido por el Centro Histórico de Ciudad Juárez ha sido un ejercicio sumamente provechoso para practicar este tipo de técnica. La multiplicidad de símbolos y significados que ofrece este lugar da pie a que uno como estudioso de la materia tenga acceso real y empírico a un número indefinido de procesos sociales y grupales que son todos y cada uno de ellos, dignos de prestar atención.

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